Un homenaje a los jardines secos




Buscar nacer un jardín 
regando plantas en un terreno árido, 
es casi como habitar permanentemente en el infierno...

Con flores que deliran de sed y se desgarran 
ante los deseos más profundos y groseros
de beber, de vivir, 
de creer que se ahogan 
en el ilusorio rocío mañanero. 

Sí, ahora mis flores no son de tumbas ni cementerios
y están creciendo desde los gritos más insondables de aquellos miedos. 

ME ASFIXIAN

pero yo ya he aprendido a aguantar el aire
para no llenarme de veneno. 

¡Déjenme en paz!
Qué ya no quiero salir a la superficie a respirar más. 

Tan oscuro, tan profundo,
tan siempre
mar magenta. 

-¿De qué sirve tener un jardín por dentro si no puedes regalar tus flores?


-Malsana-  

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